Un año más celebramos el día en el que los magos de oriente visitaron al niño Jesús en Belén. 
Y yo me pregunto…¿esto es lo que realmente celebramos? Yo creo que no, que lo que hacemos muchas veces es dejarnos llevar por el sociedad, porque ni el niño Jesús tuvo que escribir una carta para que viniesen a traerle regalos, ni tuvo que ser bueno , ni según leemos en el capítulo 2 de Mateo eran tres reyes.

Si somos realistas veremos que el relato bíblico nos enseña muchas cosas, vemos que el Mesías nació y nadie sabía dónde, el mismo Herodes en Jerusalén se lleno de inseguridad por las novedades traídas por unos magos desde oriente que le preguntaron, «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle»
Herodes pensaría, si yo soy el único rey y quiero seguir siéndolo muchos años, ¿quién ha de arrebatarme el reino?
También en Jerusalén estaban asombrados, turbados porque no conocían las notícias aunque estuviesen profetizadas hacía mucho tiempo. Leemos en Miqueas 5:2, «Pero tú, Belén Éfrata, pequeña para estar entre la famílias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel…»

Entonces Herodes empezó a indagar entre los conocedores de las Escrituras y efectivamente dieron la respuesta que él se temía, que realmente Belén era el lugar escogido en el que nacería el Mesías. 
Así que preguntó a los magos sobre la aparición de la estrella para conocer el momento aproximado en el que nació Jesús y así empezar a maquinar contra él a través de la mentira diciéndoles a los magos que averiguasen dónde había nacido y se lo hicieran saber para ir así como ellos, a adorarle.

Los magos encontraron a Jesús pero les fue revelado en sueños que no volviesen a Herodes, 
dieron la vuelta por otro camino. Estos magos iban buscando al Salvador del Mundo. Por sus estudios astronómicos sabían las posiciones de las estrellas y por ello, porque algo espectacular estaba pasando en el cielo, emprendieron su viaje hasta observar con sus propios ojos al que necesitaban adorar.

Según explica el prestigioso catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani, autor del libro “Jesús, constructor y maestro” (Gesú costruttore e maestro, Cittadella, Asís, 1997 «en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo y la constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos; y el planeta Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecería ese año en Palestina. Con esta expectativa llegan los sabios-magos a Jerusalén, según el Evangelio de Mateo 2, 2».

Como he dicho los magos buscaban al Mesías,querían adorarle. Hicieron un largo viaje con este fin, estaban deseando descubrir quién era ese ser ese rey de los judíos, ese ser divino que había nacido. Querían regalarle lo mejor de ellos, que por otro lado les vendrían muy bien a José y María en su posterior viaje a Egipto, el oro que simboliza la realeza, el incienso en símbolo de adoración a Dios, y la mirra como símbolo del sufrimiento que el rey de los judíos habría de padecer más adelante.
Los magos de oriente eran extranjeros que sabían de la existencia de un grandísimo cambio en el mundo a raíz del nacimiento de Jesús, es algo paradójico que leemos en otros versículos del evangelio de Juan 1:10 y 11 nos dice que «el mundo no le conoció, a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.»
¿Somos conscientes del grado de conocimiento que tenemos de nuestro Dios y Salvador? ¿de ese Jesús en el que nos fijamos para caminar en nuestra vida diaria?
Quiero preguntar a cada lector, ¿realmente estamos en esa sintonía diaria con Dios? ¿estamos listos para dedicarle lo mejor de nosotros en respuesta al amor con el que se entregó por nosotros?

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