En el periódico IDEAL de Jaén del pasado sábado encuentro un interesante artículo de opinión de Sebastián Montiel , Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, aquí lo dejo íntegro para todo aquel que quiera echarle un vistazo.
«UNA campaña publicitaria exhibirá a lomos de los autobuses urbanos barceloneses un reclamo: ‘Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte, goza de la vida’. Es la traducción de la leyenda que, en inglés, llevarán también a mediados de este mes los autobuses londinenses. La campaña británica ha sido auspiciada por un grupo de ilustres ateos, la British Humanist Association, encabezados por Richard Dawkins, el llamado rottweiler de Darwin, conocido autor de algunos textos que usan las tesis darwinistas como martillos antiteístas. Dawkins y algunos otros promotores de esta filosofía sobre ruedas provienen del ámbito de la ciencia oficial.
Le dan así, deliberadamente, un tufillo académico a su cruzada antiteísta. Está claro que la lectura de la publicidad citada produce inmediatamente, en una persona que conserve un mínimo de su capacidad racional, el efecto contrario al reclamado, pues le invita a reflexionar sobre su contenido y por ende a preocuparse, si es que había dejado de hacerlo, por la existencia de Dios. La primera pregunta que se suscita es: ¿Cuál es exactamente la probabilidad a que se refiere la frase inicial?
La probabilidad de obtener un seis cuando se arroja un dado es de 1/6 porque hay un caso favorable (la cara con seis puntos) de entre seis sucesos posibles (las seis caras del dado). ¿Cuál es la probabilidad de que exista Dios? El suceso Dios existe parece formar parte de un universo con sólo dos sucesos elementales: Dios existe y Dios no existe. No creo que se contemple seriamente algún otro caso, como Dios existe, pero poco. Por tanto, la probabilidad a que se refieren los autobuses ilustrados debe ser 1/2.
Pero lo más importante del eslogan de la campaña citada es el punto y seguido que hay tras el ‘Probablemente Dios no existe’. Ese punto es el trampolín que permite saltar desde la falsedad (probable, sólo probable) de la existencia de Dios a una exhortación moral que, si Aristóteles tiene razón cuando dice que la ética es parte de la política, será también una consigna política (reaccionaria, demasiado reaccionaria).
No acepto el ‘Probablemente Dios no existe’ inicial, no lo puedo aceptar por ser un sinsentido lógico, por ser coloquialmente ambiguo y por ser equivalente a lo que vulgarmente se podría entender como su propia negación.
Pero lo que repugna a mi razón y ante lo que me rebelo por intelectualmente pendenciero, deliberadamente engañoso y cargado de la suficiente mala intención como para reunificar en mí lo público y lo privado es el punto y seguido.
Insinúa que, en el hipotético caso de que Dios existiera, sería con seguridad imposible gozar de la vida. Pero, puesto que evidentemente ha habido y al parecer hay y habrá mucha gente que disfruta de la vida, este factum debería considerarse como una nueva demostración de la existencia de Dios.
No sé si llamarla sexta vía, por eso de que Tomás de Aquino ya nos legó cinco y la de Anselmo de Canterbury tiene su nombre propio (ontológica) y también porque esta vía de los autobuses algo parece tener que ver con el sexto mandamiento, porque no creo que en semejantes manos el goza de la vida tenga muchas más pretensiones.
No creo que esta conclusión mía sea aceptable para los publicitarios citados. Ergo, el punto y seguido que no deja de preocuparme no insinúa que la existencia de Dios impediría gozar de la vida a todos los hombres. Pero sí quizás a algunos. ¿A quiénes? Probablemente (se me escapa el adverbio) a quienes conceden autoridad a ciertas normas morales porque supuestamente Dios existe.
Hay aquí dos presupuestos no por ocultos menos interesantes.
- Primero: se concede que la autoridad de las normas morales se incrementa, como mínimo, si se hace derivar de Dios.
- Segundo: las normas morales que emanan o emanarían de la autoridad de Dios menoscabarían el disfrute de la vida, cosa que, a su vez nos revela que en el autobús viaja el concepto de libertad moderno, es decir, la idea de que gozar de la vida es ser libre para contratarse por mil euros al mes y consumir según las opciones del mercado.
No puedo dejar de recordar lo que el estudioso evangélico Oliver O’Donovan dejó por escrito hace más de una década: «La falsa conciencia de la supuesta sociedad secular contemporánea está en su determinación de encubrir los juicios religiosos que ha hecho».
