¡Hola! Esperamos que te encuentres muy bien. Hoy volvemos para compartir un mensaje con algunas ideas para que como cristianos nos impliquemos en la reconstrucción tras la pandemia.

Puedes escuchar este mensaje de Abraham Sampedro aquí:

O tal vez quieras leer el texto íntegro del mensaje sobre cómo nos implicamos los cristianos en la reconstrucción tras la pandemia.

Si en estos días seguimos atentos lo que nos dicen las noticias podríamos llegar a la conclusión de que, en general, lo que conocemos son malas noticias. Sabéis que con la llegada de la pandemia comenzaron a contagiarse y a morir muchas personas y se paró el país para intentar controlar el contagio. Y por lo tanto creció la inseguridad y también el desempleo. Aunque sigo trabajando, yo mismo he perdido un empleo por la llegada de la pandemia. Pero no solo se han perdido empleos sino miles de vidas en muy poco tiempo. Y esto provocó un caos increíble en la administración que ahora trata de recuperarse.

Por todo esto algunos hablan de reconstrucción como si hubiera habido una guerra.

Y yo me pregunto: ¿Qué debemos hacer los cristianos?
¿Cómo tenemos que reaccionar ante todas estas cosas?

Pensando en esto recordé alguien en la Biblia del que podemos aprender algo.
Se trata de Nehemías. Por favor abrid vuestras biblias en el libro de Nehemías porque vamos a leer algunos textos.

En el capítulo 1 vemos que Nehemías recibió noticias muy tristes sobre su pueblo.
Leyendo en el versículo 3 vemos que su hermano Hanani le contó que:
“El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.” Nehemías 1:3

¿A quién se refería Hanani? ¿De quién nos está hablando?
Al pueblo de Dios que estaba sufriendo en Jerusalén.

¿Pero a quién concretamente? Aquí no habla de los pobres de la tierra que dejó el capitán de Nabucodonosor cuando quemó el templo y la casa del rey sino al pueblo que Zorobabel y Esdras habían repatriado. En aquel momento Jerusalén tenía templo, había gobierno inestable pero no había muro para protegerse ni una relación adecuada con su Dios.

Nehemías vivía en un palacio y trabajaba como copero del rey en Babilonia y podría haber pensado:
¿Qué le vamos a hacer? La vida es así, es lo que merece nuestro pueblo por los pecados que hemos cometido…
Y podría haber seguido viviendo cómodamente.

Pero Nehemías no reaccionó así:
Leemos en Nehemías 1:4 “Cuando oí estas palabras, me senté y lloré, e hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo.

A Nehemías el sufrimiento de su pueblo le dolió en lo más profundo de su corazón
Y esto es algo que nosotros podemos aprender.

Nos debe doler el sufrimiento de las personas que nos rodean,
Los cristianos no podemos ser indiferentes a lo que sucede, debería afectarnos el sufrimiento de los demás. De todos los demás independientemente de su origen, de su nivel económico o sus opiniones. Dios mismo nos pide esto.

Pero sentir el dolor de su pueblo no es suficiente para Nehemías.
Nehemías ora arrepentido por su propio pecado y por el de su pueblo.
Y aprovecha para pedirle a Dios que cumpla sus promesas

Leemos en Nehemías 1:6-11
Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;
9 pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre;”

Pero sigamos,
Orar en arrepentimiento y recordarle a Dios sus promesas tampoco fue suficiente para Nehemías.
Nehemías tenía que hacer algo más y le pide ayuda a Dios para ir en persona a reconstruir no solo la ciudad sino la relación de su pueblo con su Dios.

Esto es lo que menos nos atrae de esta historia bíblica. ¿Verdad?
Estaríamos dispuestos a sentir el sufrimiento de otras personas, estaríamos dispuestos a orar y arrepentirnos porque nosotros también necesitamos que Dios siga limpiando nuestro interior.

Pero el paso de abandonar nuestra comodidad es mucho más complicado para todos.
Y es exactamente lo que hizo Nehemías.

Es cierto que tuvo el permiso del rey para reconstruir la ciudad pero Nehemías abandonó toda comodidad y seguridad por amor a su pueblo.

Él se involucró en la reconstrucción de Jerusalén y motivó a su pueblo.
Leemos en Nehemías 2:17
“Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.

No fue fácil para Nehemías porque tenía enemigos que querían engañarle, querían incluso matarle y además desanimaban a sus hermanos mientras estaban trabajando en el muro.

Leemos en Nehemías 4:1-3
“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos.
2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?
3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará.

Y esto también puede pasarnos a nosotros cuando tratamos de obedecer al Señor en cualquier cosa.
Hay personas que no creen que nuestra obediencia merezca la pena, no creen que Dios exista e incluso nos desprecian por seguir a Jesús. Así que tenemos que mantenernos firmes agarrados al Señor porque corremos el riesgo de dejarnos llevar por la influencia de todo lo que nos rodea.

Pero la reconstrucción no fue fácil para Nehemías por culpa de su propio pueblo. Su pueblo, el pueblo de Dios no era fiel y necesitaba ser transformado por Dios.

Como Gobernador Nehemías estableció dirigentes pero no se olvidó de Dios. En el capítulo 8 como parte de una reconstrucción más profunda, Nehemías se involucró para que su pueblo volviera a Dios. Entonces convocó a su pueblo y mediante el escriba Esdras todos escucharon la ley.

Leemos en el versículo 8:2 “Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo.3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.”

En el versículo 8 leemos “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
Todos tuvieron que escuchar la ley para recordar las bendiciones del Señor y conocer su carácter.

Y en el capítulo 9 leemos que confesaron sus pecados y se comprometieron a cambiar.

Esto es algo que nosotros también necesitamos cada día. No es solo lo de fuera lo que nos influye en nuestra relación con Dios, también nos influye lo que conocemos de Dios.Cuando el pueblo de Dios leía la ley recordaban quién era Dios y cómo les había cuidado a pesar de su infidelidad. Y muchas veces terminaban confesando sus pecados para volver a empezar.

¿Nosotros no somos tan diferentes a ellos verdad?
Cuando vamos a la Biblia vemos cómo trata Dios al pueblo judío, pensemos cómo nos trata a nosotros a través de Jesús.
Cuando somos conscientes de nuestros pensamientos, palabras y acciones más nos asombra la fidelidad de Dios.
Así que hoy es un buen día para arrepentirnos y comprometernos más con el Señor.
Es verdad que a todos nos influye demasiado lo que nos rodea y lo que llega por nuestros sentidos
Pero Dios ha sido fiel y nos ha levantado muchas veces de tantas caídas que merece mucho más compromiso por nuestra parte.

Así que Nehemías no solo tuvo que reconstruir el muro de la ciudad sino que tuvo que implicarse en su pueblo para que sus habitantes volvieran el corazón a Dios y fueran un pueblo comprometido en su relación con Dios.

Hoy nosotros también vivimos en una sociedad que necesita una reconstrucción.
Y seguramente esto empiece:

1.En primer lugar sintiendo compasión por los que sufren como sintió Nehemías.
¿No creéis que las personas que nos rodean deberían vernos como parte de la solución? deberíamos demostrarles que nos importan y que queremos ser parte de la reconstrucción. Porque si reaccionamos como los demás no habrá ninguna diferencia.
Si tomamos partido por los que odian no mostraremos el amor de Dios hacia sus criaturas.

2.En segundo lugar os animo a que nos arrepintamos de nuestros pecados y pidamos perdón al Señor
Porque todos estamos en construcción y si somos honestos necesitamos que Dios siga transformando nuestra vida.
Si su propio pueblo se alejó de Dios no nos pensemos mejores que ellos, todos corremos el riesgo de alejarnos de Dios.

3.Y en tercer lugar la manera activa que tenemos para reconstruir es guiando a otras personas a Jesús.
Nehemías se implicó abandonando todo lo que le daba seguridad y confianza para reconstruir la ciudad que amaba y animando a su pueblo para que volviera a Dios.

Pero Jesús hizo algo mucho más importante, él es nuestro mejor ejemplo.
Hoy necesitamos recordar que para reconstruir una relación rota por nuestro pecado Dios Padre decidió enviar a su hijo por amor a nosotros. Y no precisamente porque pudiéramos merecerlo.
Recordemos que la vida del hijo de Dios era perfecta, sin pecado, sin sufrimiento y con la compañía de su Padre.
Pero sabiendo que sus criaturas pecaron y viendo que las palabras de los profetas no eran suficientes para que nos volviésemos a Dios, el mismo hijo de Dios tuvo que descender del cielo. No solo para sanar enfermos y hacer grandes milagros, sino para contarles a todos que debían arrepentirse y confiar en él. Pero además de abandonarlo todo y venir a sanar y predicar, se implicó hasta las últimas consecuencias cargando con nuestros pecados y muriendo en la Cruz. Este es el ejemplo a seguir.

Hermanos, si sentimos compasión por los que sufren y les ayudamos estamos mostrando a Jesús.
Y si les hablamos de que Jesús ofrece un futuro muchísimo mejor a todos los que se arrepienten de sus pecados y confían en Él como Salvador estamos comprometidos en la reconstrucción. Porque no solo estaremos trabajando por una reconstrucción temporal que cambiará vidas sino en una reconstrucción que ofrece una vida eterna llena de alegría y libre de sufrimiento.

Para nuestra misión de reconstrucción tal vez no tengamos que reconstruir un muro como Nehemías, seguramente tengamos que abandonar algunas comodidades y nos encontremos a personas que parecen muros…por ello necesitamos la ayuda de nuestro Padre Celestial. Que Él os bendiga.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *