Algunas personas visitarán el cementerio antes de este día porque, según dicen, el cementerio está más tranquilo y se puede acceder a la escalera del mismo con mayor facilidad. Otros, sin embargo, dicen que lo visitan durante todo el año y prefieren no hacerlo durante estas fechas. Pero los que van al cementerio en el día de los difuntos se encuentran como en una gran fiesta, ya que no cesa de entrar y salir gente continuamen
El cementerio, siendo un lugar donde sólo reina el olvido y la muerte, en este día se llena de colores y de vida. Muchas personas que fueron el año pasado al cementerio, llevaron sus flores a los seres queridos ignorando que este año han sido ellos los que han recibido estas flores. Habrá palabras para ellos aunque no pueden escucharlas, y de sus familiares caerán lágrimas que ellos no podrán ver.
Sí, parece una ironía del destino pero es así, a mayores y jóvenes; la muerte no tiene edad. Durante el año sabemos de accidentes de tráfico, enfermedades que les han sorprendido y que les ha llevado a esta muerte inevitable. Hace unos días un soldado español murió en Afganistán, poco antes de su muerte su última voluntad era ser bautizado. El pobre joven quería estar en paz con Dios. Era tan joven, tenía tiempo para hacer tantas cosas pero nunca pensó en estar en paz con Dios. No le conocí, pero en lo más íntimo de su ser pensaría en ese Dios dueño y Señor de su vida, y que con las prisas de esta vida había dejado lo más importante para después. Todo para después, como si nosotros tuviéramos la facultad o el poder para disponer de nuestra propia vida, siendo frágil, llena de peligros, enfermedades…, y que en cualquier momento, como a este pobre soldado, se nos puede arrebatar. No tenía previsto este momento final, por eso la urgencia de su bautismo.
Cuando se habla de Dios o de lo que hay después de la muerte, es como un huésped que nos dice la verdad pero que a la vez nos incomoda. ¿Por qué nos incomoda el hablar de la muerte? Porque es el fin de todas las cosas. Es un sentimiento de vacío, del que no hay vuelta atrás y nos hiela los huesos. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a la muerte, cuando nos visita, moralmente hablando nos venimos abajo, esperando el final, porque los humanos tenemos un sentimiento de eternidad.
Dice la Biblia: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo y has puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” Esta es nuestra inquietud como seres humanos y la sensación que nos da es que la vida se nos escapa como un pez entre las manos, porque el Dios Creador nos ha puesto eternidad, una eternidad espiritual, En otras palabras, “el polvo vuelve a la tierra y el espíritu vuelve a Dios que lo dio” dice en otro lugar la Palabra Santa.
Esta semana puede ser de recuerdo pero también de reflexión, la muerte de nuestros seres queridos puede servir de ejemplo para nuestra propia muerte. Es una oportunidad única para aprender lo que realmente nos importa en esta corta vida.
El Señor Jesús, después de un largo discurso dice a sus oyentes: “No os afanéis, pues diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos, o que vestiremos?”. Él nos conoce y sabe que en nuestra vida hay muchos aspectos que nos producen ansiedad o inquietud por afanarnos demasiado por todo. Afán, afán, afán. Por eso Él mismo nos advierte con mucho cariño “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas; así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán, basta a cada día su propio mal.”
Pero ¿por qué nos advierte de esta manera el Señor Jesucristo? Él es Hijo de Dios y un hombre sabio, por lo tanto conoce nuestras debilidades desde hace tiempo.
Para no alargar la lectura lo dejamos para otro momento, que será pronto. Lo dicho, el día de los difuntos puede ser un buen día de reflexión, y como nos advierte la Palabra de Dios: “Mejor es ir a la casa del luto”, también podríamos decir al cementerio, “que a la casa del banquete, porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive”, como tú que estás leyendo, “lo pondrá en su corazón.”
