Quiero compartir con ustedes un escrito que nos ha enviado nuestro hermano Manuel Sampedro, en el que quiere enfatizar el contraste entre el Día de Halloween y el Día de Todos los Santos.

El día 31 de Octubre, por la noche, pasaron por delante de mi casa un número considerable de niños del barrio. Todos ellos estaban disfrazados con vestidos estrafalarios con la intención de atemorizar a todo aquel que los viera. Dráculas, caretas de zombis, las ropas salpicadas de sangre y un sinfín de uniformes que a sus padres les costaría un buen dinero. En discotecas, salas de baile, fiestas de barrio y películas de terror estos disfraces juegan un papel importante y al igual que la Coca-Cola, el Rock and Roll y la hamburguesa, todos ellos importados de Estados Unidos.

Halloween, es una fiesta que a través de los siglos ha cambiado considerablemente y han salido de su raíz numerosas tradiciones. Pero su origen es milenario. Procede de una festividad céltica conocida como “Samhain”, palabra que deriva del irlandés antiguo y que significa “fin del verano”. En la cultura céltica se celebraba el final de temporada de la cosecha y esta fiesta era considerada como el año nuevo, el inicio de la estación oscura.

Los antiguos celtas creían que la línea que une este mundo con el otro se estrechaba con la llegada de “Sanhain” permitiendo a los espíritus, tanto buenos como malos, pasar a través de la línea. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras los espíritus dañinos eran alejados. Se cree que el uso de disfraces y máscaras se debe a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado.

Los niños, con sus máscaras, llaman a las puertas diciendo “Truco o Trato” para recordar una tradición sobre un espíritu que negociaba con los niños. , y a la pregunta que este espíritu hacía la mejor respuesta era decir “trato”.

La noche del 31 de octubre, unos niños llamaron a mi puerta con esta misma pregunta “¿Truco o Trato?”. Yo les conocía bastante bien y les pregunté lo siguiente: “¿Hace unos días estabais haciendo la primera comunión como cristianos venís con esta tradición pagana?”.

En contrate a esta festividad, el día 1 de Noviembre se celebra el Día de todos los Santos. La historia de esta festividad se remonta a la Iglesia Primitiva, ya que ésta acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de Paul mártir, quien fue muerto en el lugar de martirio. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo a una festividad común. Cayo Aurelio Diocleciano, emperador de Roma, entre los años 303 y 311, realizó una cruel persecución debido a la obligación de culto de Júpiter como elemento de cohesión en su Imperio. El número de muertos llegó a ser tan elevado que no se pudo separar un día para asignárselo a cada uno, por eso se señaló un día para todos y fue llamado Día de Todos los Santos.

Estos santos eran mártires por causa de Cristo; mártires por seguir a Jesús; mártires por decir que Jesús es mi Señor; mártires por ser discípulos de Cristo.

En el Evangelio de Lucas, en el capítulo 10 y versículo 27 el Señor Jesús dijo:Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”.

Todos ellos, eran hombres y mujeres que querían hacer el bien al prójimo, porque era la enseñanza que su maestro Jesucristo les había dejado.

Me gustaría que nuestros niños y niñas, en vez de reflejar el horror, la muerte y el miedo; vinieran a reflejar la vida, el amor y la esperanza. Que nuestros hijos pudieran decir a sus amigos que Jesús vino a la tierra para darnos vida eterna, que Jesús nos ama y que Jesús es nuestro Salvador.

Recordemos a los cristianos muertos por obedecer y seguir el camino que Jesús, nuestro Señor, nos mostró; recordemos a los mártires que fueron muertos por causa del amor a Dios. Doy gracias por el ejemplo de ellos. Hoy estamos vivos y como cristianos debemos seguir dando ejemplo del amor que tenemos a nuestro Dios, de la obediencia a su Palabra, de la vida que ponemos a sus pies para hacer su voluntad. Gritemos que Jesús es nuestro Salvador.

Digamos NO al miedo y al horror; pero gritemos SI al amor, a la compasión y a la misericordia.

¡Gloria a ti, Señor Jesucristo!

Manuel Sampedro Frutos

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