ACONTECIMIENTO HISTÓRICO III Hay otro libro en la Biblia que se llama Evangelio según San Juan. Este hombre, Juan, era seguidor de Jesús. Juan pertenecía a una familia de pescadores. Una mañana, Juan estaba junto a sus padres, hermanos y demás jornaleros, en la orilla del mar de Galilea. Debido a su faena estaban remendando redes para posteriormente entrar al mar a pescar. Pasando por allí Jesús, les vio y les llamó. Dice el evangelio, que Juan se fue con Jesús, dejando a su padre y jornaleros. Después de tres años y medio de convivencia con Jesús, fue tal la impresión que se llevó ante su persona y hechos, que se vio en la necesidad de escribir esa experiencia. Juan, a diferencia de Lucas, da por hecho que sus lectores ya conocían los hechos de Jesús, por ello, no se para en detallar los acontecimientos. Él se fija, en mayor profundidad en sus palabras. Parece ser, que este Evangelio, es el resultado de mucha reflexión. Juan se limitó a escoger escenas que no abarcan, en totalidad, más de veinte días de la vida de Jesús. Pero sí las compaginó de forma que se presentaba a un Mesías que sabe “de donde viene y a donde va” (Juan 8:14). Jesús no es simplemente un hombre que apareció en la tierra, sino el Hijo de Dios enviado para llevar a cabo la obra del Padre. Las repetidas referencias a “Aquel que me envió” imprimen una serie de sonidos especiales a este libro. Cuando sale este tema de conversación, en el círculo que me rodea, siempre que tengo ocasión comento una cita que se encuentra en el capítulo 19 de este Evangelio. Es un capítulo que hace referencia al arresto de Jesús. Versículo tras versículo, Juan va narrando las circunstancias de arresto, crucifixión y muerte de Jesús. En esa situación Juan, como testigo ocular, vio la injusticia de su muerte y en el versículo 35 dice “y el que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad para que vosotros también creáis”. Existe una reflexión sobre este versículo que es importante anotar: la seriedad del acontecimiento. Por este motivo Juan quiere enfatizar que su testimonio es verdadero. También Juan tiene un propósito al contar estos hechos “para que vosotros también creáis”. Quiero recordar la cita del escrito anterior Juan 20: 30-31 “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. ” Cuando la Biblia habla de creer, hace referencia a la confianza, es decir, a la fe que se tiene que tener hacia esa persona, en Jesús. Jesús, como hemos visto a través de los documentos históricos, es un personaje que vivió en la historia, que estuvo viviendo en la tierra en un tiempo concreto. Los evangelistas tienen una cosa en común al escribir los hechos de Jesús, muestran que Él no era cualquier hombre, sino que dejan de forma bien clara que Jesús era el Hijo de Dios. Las evidencias para ellos eran esclarecedoras: Jesús tenía poder; poder sobre la enfermedad, sobre la naturaleza y sobre los demonios. Resucitó muertos, curó a ciegos, leprosos, y a un largo número de desdichados de la miseria humana. Los evangelios están llenos de testigos que se beneficiaron de Él. Todo el que tenía relación con Jesús no quedaba indiferente con su presencia. Yo reconozco que, en cuanto se introduce en el tema la palabra creer, existe una división de opiniones que son muy dignas de respetar. Sin embargo yo, como seguidor de Jesucristo, quiero con mis breves escritos, que no pretenden ser estudios temáticos en profundidad para dar a conocer su persona, demostrar de una manera sencilla que al igual que le damos respeto y credulidad a acontecimientos históricos de toda índole, se le dé a la persona de Jesús el valor que tiene como personaje histórico. En el próximo escrito hablaremos del Jesús de la fe, pero ahora, os quiero dejar con una porción de un libro de la Biblia escrito por otro testigo ocular, Pedro. El libro se llama Segunda Carta Universal de San Pedro Apóstol y dice lo siguiente: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. ” (2ª Pedro 1:16-21). Manuel Sampedro Frutos.
